#Aborto: Si el papa perdona…

La misericordia no puede ser un paréntesis….. Si el Papa perdona y absuelve a las mujeres que abortaron (que además se sienten culpables) sin límites y va más allá del año Jubilar, algo está pasando. Hay un mensaje más allá de esas palabras y hay que leerlo también en clave política.

Como mujer católica y feminista celebro las declaraciones del Papa Francisco expresadas en la Carta Apostólica “Misericordia y paz” en donde muestra un acercamiento a la realidad de muchas mujeres que se encuentran ante el imperativo de interrumpir un embarazo no deseado y en consecuencia, haya concedido a todos los sacerdotes de manera indefinida la facultad de absolver a quienes hayan procurado el aborto.

El papa Francisco ha expresado que “la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio”.

En esa línea, aparecen visibles los esfuerzos del papa Francisco para fomentar en la Iglesia católica “una cultura de la misericordia” que aproxime a las/os fieles a la imagen de un Dios justo, incluyente, acogedor que comprende las alegrías y tristezas de todos, e intente recuperar la plena comunión sin estigmatizar a nadie.

Es bueno que el Papa Francisco comprenda las circunstancias que conducen a las mujeres a tomar esta difícil decisión, y que reconozca que “Jesús mira a los ojos de las mujeres y lee su corazón”. Sin embargo, enfatizamos que las decisiones que toman las mujeres no deben ser vistas como “pecados graves”, tal y como se menciona en la carta. Las mujeres como cualquier ser humano son agentes morales con la capacidad de decidir en libertad de conciencia sobre el contexto que les toca vivir.

A días de celebrarse el “Día Internacional de la Eliminación de las Violencias contra las Mujeres” (25 de noviembre) se impone un llamado de atención al Estado, a las iglesias y a la sociedad civil a contribuir a la transformación de aquellas barreras morales y religiosas que impiden desculpabilizar y despenalizar las conciencias y las vidas de las mujeres cuando toman decisiones.

El Papa no esquiva temas difíciles, tampoco los resuelve porque no es su función. Hablar de aborto para perdonar, para comprender realidades difíciles por las que pasamos las mujeres es abrir una puerta, es dar un paso muy importante. Hasta hace un año solo se hablaba de aborto para condenar, para culpabilizar más a las mujeres. Desde una jerarquía masculina no se podría esperar otra cosa. Hablar de perdón, de misericordia, de comprensión es comenzar a transitar otro camino que considera a las mujeres.

Desde hace por lo menos 10 años se dice que el Congreso no avanza en el debate del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito, debido a las presiones de la Iglesia católica y más recientemente cuando Bergoglio mutó a Francisco: con papa argentino será imposible avanzar en el debate decían legisladores y líderes progresistas.

Qué dirán ahora me pregunto, si el Papa desde su lugar favorece el perdón para que cualquier mujer católica que se sienta culpable por un aborto sea absuelta por un sacerdote común, el cura del barrio digamos; qué dirán, que están diciendo ahora, que no está en agenda como dice Marcos Peña, el aborto para él no está en agenda.

El Papa se permite como líder religioso correr por izquierda al Parlamento y al Poder Ejecutivo, si la IC perdona y comprende el Estado no puede seguir criminalizando a las mujeres que interrumpen un embarazo cuando la razón para mantenerlo en el Código Penal era justamente la posición cerrada de la cúpula eclesiástica sobre el tema a quienes muchos le rinden tributo para sentirse legitimados por el poder de Dios.

En nuestro país no era necesario escuchar las palabras de Francisco para tratar el tema, era suficiente con escuchar las voces de las mujeres, las cifras de abortos clandestinos, la cantidad de hospitalizaciones por año por complicaciones de abortos, conocer el maltrato en muchos hospitales a mujeres que llegan con aborto en curso suponiendo que fue provocado y terminan presas como Belén en Tucumán; todo el daño que implica que la decisión de la mujer, cuando se trata de derechos personalísimos, esté condenada por el Código Penal.

Tal vez atravesemos el año legislativo 2017 sin novedad sobre aborto, pero la razón del silencio en lugar del debate será pura responsabilidad de políticos, legisladores y no podrán culpar a quién desde un poder masculino y conservador como es el Vaticano mostró coraje y sabiduría para abordar el tema. Bienvenidas las palabras que liberan, las mujeres tenemos derecho a la vida plena, a la maternidad por decisión y no por imposición. Decir no al aborto legal es una violencia más hacía las mujeres, es también estar de acuerdo con el aborto clandestino. Es tiempo de reconocer derechos, es la hora del Parlamento para saldar esta gran deuda de la democracia con la mitad de la población.

¡Impedir o estigmatizar las decisiones de las mujeres también es violencia!

(*) La autora es Integrante de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina e integra la Comisión de Articulación de la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

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