Argentina ante el Cambio Climático: saber, evitar, prevenir y adaptarse

La Ley General del Ambiente (25675) estableció sabiamente, en el año 2002, la creación de un sistema nacional integrado de información ambiental y obligación, que el gobierno debe presentar anualmente al Congreso. Esto nunca se cumplió. No hay indicadores, planes, metas ni informes en la web del Ministerio de Ambiente, ni registros en el Congreso de la Nación de que se hayan presentado. Sólo se conoció un informe del 2012 a partir de un pedido de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). Hay además información dispersa de algunas provincias y lo que surge a regañadientes de los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la Causa Mendoza sobre el Riachuelo. Hay investigaciones parciales de ámbitos académicos y científicos.

Las variables ambientales que no se han medido ni difundido oficialmente constituyen una seria falencia, agravada por la falta de información cabal sobre sus relaciones con los aspectos sociales y económicos del desarrollo. Deben mejorarse, densificarse y complementarse apropiadamente las redes y sistemas de observación, de procesamiento de datos y su puesta a disposición de los/as planificadores/as del desarrollo, con los medios de comunicación requeridos para hacerlo en tiempo real cuando es necesario.

Estudios diversos, muchos de ellos derivados el cumplimento de las obligaciones que Argentina tiene con la CMNUCC y otros realizados por centros e institutos de investigación nacionales y regionales y financiados con asistencia económica externa, han permitido identificar la situación de vulnerabilidad ambiental, humana y económica del país. Argentina ya está sufriendo por la intensificación de eventos extremos que conducen a riesgos, desastres y a condiciones de inundación que afectan a urbes y zonas rurales, perjudicando al desplazamiento de personas y mercaderías y el transporte de la producción. En la región pampeana la combinación de factores -como la intensificación de las precipitaciones, el aumento del nivel medio del mar y sus consecuencias sobre los niveles del Río de la Plata, con sudestadas intensas-, crearán situaciones críticas. Se registrarán sequías, particularmente en las regiones áridas y semiáridas, en el noroeste, centro oeste y la meseta patagónica. Las costas bonaerenses, por su parte, están sujetas a procesos de erosión creciente, puesto en evidencia en varios segmentos del Río de la Plata y del Atlántico.

Un estudio de la NASA destaca: “El cambio tecnológico puede aumentar la eficiencia del uso de los recursos, pero también, incrementar tanto el recurso per cápita como la escala de extracción de recursos, de modo que, carentes de medidas políticas o de moral social, los aumentos del consumo compensan el aumento en la eficiencia del uso de los recursos”.

Hay un drástico cambio de las condiciones climáticas de Córdoba, de prevalentemente secas a húmedas afectando adversamente la actividad del turismo de salud. Otras regiones intensifican su aridez o, como la región del Litoral, muestran incrementos en las precipitaciones, incluyendo inusuales caídas de granizo. En el oeste del país, la fusión de los glaciares andinos y la probable reducción de los hielos continentales patagónicos obligará al manejo preciso del agua, a su re-uso y a la cosecha de agua de lluvia. El efecto de la acidificación de los océanos y los cambios que, en el transcurso del siglo XXI tendrán la temperatura del mar y sus tasas de evaporación, están originando tornados y trombas como los observados en La Pampa y el Río de la Plata, respectivamente. Tales cambios afectan numerosas actividades, como la pesca artesanal y comercial. Se debe estudiar y planificar el desarrollo futuro de Argentina para hacerlo sostenible frente al cambio de sus regiones climáticas.

El Estado debe desarrollar un ordenamiento territorial, científicamente fundado y con participación ciudadana, que asegure el desarrollo correcto de medidas necesarias para reducir los efectos negativos del cambio climático y tomar provecho de algunos de los efectos positivos posibles. Se debe formar personal científico y técnico para realizar estudios de planificación de los cambios multisectoriales, con componentes ambientales, sociales y económicos del desarrollo.

El Estado carece de información sobre los efectos de las variables ambientales en los componentes del desarrollo social y económico y es urgente que la reuna ya mismo, para:

  • planificar y desarrollar sistemas de resiliencia de áreas urbanas y rurales
  • desarrollar medidas de adaptación y mitigación por región
  • implementar el manejo de riesgos y reducción de desastres
  • seleccionar regiones de relocalización de cultivos y crías
  • desarrollar especies vegetales y animales adaptables a las condiciones extremas que genera el cambio climático, reduciendo migraciones internas
  • desarrollar una “geografía de la salud” -como la llama Osvaldo Canziani- , dentro del marco del sistema climático en transformación.

El Estado Nacional no puede planificar sin estos datos; debe reunirlos ya para que los tres

poderes ejecuten las medidas necesarias en defensa de los intereses sociales y económicos

nacionales y la defensa del ambiente.

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