“Cielo Stravinsky”, danza para niños

La reconocida coreógrafa Andrea Servera presenta la obra Cielo Stravinsky, un recorrido imaginario y lúdico por diferentes escenas de las obras del compositor ruso Igor Stravinsky. Se trata de una nueva versión del espectáculo creado en 2013 en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) e interpretado por el Combinado Argentino de Danza.

¿Qué es Cielo Stravinsky?
Es un espectáculo creado a partir de un autor cuya obra no fue pensada para los niños: un autor oscuro, intenso, pero muy mágico. Fue un trabajo enorme y muy placentero: recorrer sus ballets, escuchar, recrear y pensar su obra como un cielo, y debajo de ese cielo todo lo podíamos imaginar, todo podía suceder.

Usaron como inspiración, como punto de partida, una frase del propio Igor Stravinsky…
Sí, dijo: “De noche sólo puedo dormir si desde alguna habitación vecina entra en mi cuarto un rayo de luz. Tal vez esto se remonte al farol que había fuera de mi ventana y alumbraba el canal Kryukov. Pero no importa qué haya sido: este cordón umbilical de luz me permite, aún ahora a mis 78 años, entrar de nuevo en ese espacio protegido y cerrado que conocí cuando tenía 7 u 8 años.” A partir de ahí surgió la idea de un recorrido, guiando a los niños a un viaje donde los sentidos se pusieran en acción, y donde cada uno viviera una experiencia. Hicimos dos temporadas inolvidables en el Teatro Colón, y vamos a por una nueva versión para el Konex.

¿Cómo surgió la idea de realizarlo acá en estas vacaciones?
Es una idea que dio vueltas desde hace tiempo: la posibilidad de volver a darle vida a este trabajo, esta vez en un nuevo espacio, con nuevos desafíos y de la mano de Rebolucion, una gran productora fundada en 2005 por Armando Bo y Patricio Alvarez Casado. Muchas veces trabajé en el Konex: adoro el patio, y me gusta la posibilidad de utilizar distintos espacios, realizar recorridos, que es lo que necesita esta obra. Siempre volver a montar una obra es un desafío: encontrar otros matices que se amolden a lo nuevo, que vibren con el espacio, y lograr que vuelva la magia… En eso estamos trabajando.

¿Cómo reaccionan los chicos?
Tienen la increíble cualidad de ver todo como si fuera la primera vez. Mejor que yo, lo define el poeta Juan L. Ortiz: “Estoy convencido de que en el hombre las edades corresponden a ciertos procesos en varios planos: anatómicos, fisiológicos, espirituales, etc. Pero el niño es lo que el hombre debiera recordar permanentemente. Y por niño se entiende esa frescura, esa disponibilidad, ese sentido de maravilla, de entusiasmo o de ebriedad, si se quiere, por las cosas que aparecen nuevitas, a cada momento. Es decir: la mirada limpia.”

¿Y qué rol juegan los padres? Porque los chicos no van solos a las funciones…
Me encantaría que los nenes vinieran solos… Es una posibilidad, pero en general vienen papás o abuelos con ellos. Son chiquitos, es lógico que los acompañen. Pero les pedimos que los dejen siempre pasar primero, que vayan adelante y libres, que no les saquen fotos, que les permitan ¬con su mirada limpia¬ ser libres y guiar al mundo. ¡Eso sería genial!

¿Qué es lo que te atrae de trabajar para chicos?
Me atrae todo, cada vez más. Y creo que entre mi trabajo con el Combinado Argentino de Danza (CAD) y la infancia hay un lazo fuerte y real. No fue buscado, ocurrió. En esta obra, que es específicamente para niños, eso se potencia, pero cada vez que baila el CAD hay niños y siempre son nuestro mejor público.

¿Cómo te divertías cuando eras chica?
Dibujaba miles de horas, andaba en bici, vendía galletitas en la vereda, le daba clases a un montón de amigos invisibles, tenía a Natacha ¬una muñeca que adoraba y a la que cuidaba como una hija¬, jugaba al elástico, bailaba todo lo que podía, y amaba escuchar y cantar con Camilo Sesto.

¿Te relacionás a menudo con la niña que fuiste?
Todos los días. Me acuerdo del espacio blanco y acolchonado de mi primera clase de expresión corporal a los tres años. Me acuerdo de Pipo Pescador pintando el vidrio mientras cantaba. Me acuerdo de Los tres chiflados, que los veía desde abajo de la mesa porque me daba miedo. Me acuerdo de buscar cangrejos en el río en Neuquén, de correr por las bardas, de tener amigos invisibles. Y me acuerdo de cosas horribles, y esas también las recuerdo. Todas son sensaciones, y vuelvo a alguna de ellas siempre que puedo.

¿Y cómo ves las infancias de este presente, tan siglo XXI?
Depende de lo que propongas. Los nenes están disponibles, son sensibles, se sienten atraídos por cosas sin valor material, son curiosos. Sean ricos o pobres. Somos los adultos los que tenemos que ocuparnos de mostrarles caminos diferentes e invitarlos a espacios menos obturados, menos exaltados, y ¬si no existen¬ inventarlos: espacios donde entrenar la percepción, donde no todo esté masticado, donde se les permita el acceso de manera amable al juego y la imaginación. Debemos llenar la vida de momentos sensibles y felices, que a lo mejor son una piedra con nombre, una sonrisa, un disfraz o un guiso. El año pasado con el CAD recorrimos escuelas de pueblos pequeños del interior del país, bailando en el recreo. Fue de las experiencias más emocionantes de mi vida. La danza y la niñez son una oportunidad increíble. Bailar para los niños es como tomar el té con Alicia y el Sombrerero, así de divertido y profundo.

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