Las mujeres con buen comportamiento rara vez hacen historia

La potencia de esta frase, solo es equiparada por la crudeza de la realidad que describe. Ya comenzado el siglo XXI, las mujeres estamos obligadas a seguir luchando porque la igualdad de género no sea una cuestión meramente retorica del lenguaje.

El reconocimiento de las mujeres como trabajadoras y protagonistas de nuestra historia, hace necesaria la toma de conciencia sobre la realidad que enfrentamos día a día, con la plena  conciencia que muchas asumimos una triple jornada que usualmente permanece invisibilizada: llevamos adelante tareas que tienen que ver con la crianza de los hijos, laborales, y relacionadas a nuestro entorno barrial. Estas tareas al ser “naturalizadas” por la construcción de un sentido común de una sociedad paternalista, impiden que todos sus empeños, sean valorados como un aporte
al conjunto de la Sociedad y que sean interpretados como algo establecido.

Las mujeres debemos comprender que el desafío que hoy tenemos es de resistencia, en el sentido de no volver atrás con los derechos que nuestras antecesoras han logrado reivindicar; pero también de avanzar hacia nuevas conquistas de equidad en lo económico, político y social.  No nos podemos permitir que la problemática de género se aborde como cuestión de “moda” porque como dice un dicho popular: la modas pasan; y en nombre de quienes han sido las victimas de femicidio, de esas familias que han quedado destrozadas por el dolor, por aquellas heroínas anónimas que la pelan día a día por ellas y por el otro,  de aquellas mujeres que han sido sometidas a violencia institucional, discriminadas por lo que elijen sentir o pensar, victimas de maltratos psicológicos y físico, por la memoria de aquellas mujeres que le han puesto el cuerpo y mente en esta lucha;  por estos motivos más que contundentes y seguramente alguno más que se me escape; es que nos debemos organizar como colectivo, unidas, bajo un mismo grito que sea: defender nuestro derechos y la búsqueda de la igualdad. 

La brecha de género en nuestro país, sigue siendo hoy una cuestión que aun no logra penetrar los mandatos sociales y culturales de un sistema patriarcal. Esta afirmación se hace explicita si por ejemplo tenemos en cuenta que existe una brecha salarial entre hombres y mujeres de un 27% en el caso de los empleos registrados, y que esa brecha aumenta a un 40% para el caso del empleo no registrado. Este es solo un ejemplo de la violencia de género en la dimensión económico laboral.

En el ámbito institucional se reproduce un esquema de desigualdad de género, por ejemplo solo ocupan carteras ministeriales 3 mujeres en la actualidad, en términos de cargos electivos, solo cinco mujeres son gobernadoras y la provincia de Buenos Aires, solo tiene 4 mujeres intendentes. En el Poder Legislativo, la presencia de mujeres alcanza un 34%  para el caso de la Cámara de Diputados de la Nación, y un 40% para el caso del Senado de la Nación. Esta situación de desigualdad encuentra posibles explicaciones en la estructuración sexista del sistema educativo, la masificación de estereotipos y roles donde la mujer queda relegada en relación al hombre y sobre todo en la presencia de dispositivos micro machistas en la cultura política nacional.

Sin duda la situación acuciante en la actualidad de nuestro país, son las cifras sobre los femicidios, que según los datos del Instituto de Políticas de Género Wanda Tadei, en este año muere una mujer cada 18 horas. Al respecto de esta cifra aterradora, sin duda es mayor la responsabilidad del Estado, tal vez sea necesario tomar la herencia institucional del gobierno anterior, y profundizar su alcance por medio de la asignación de recursos materiales para prevenir la exacerbación de la violencia de género agotando la vida de cientos de mujeres por año.

Este  8M, se nos presenta como un momento de unificación  de un movimiento que se manifiesta contra la violencia en todas sus aristas, contra los abusos, pero que a su vez esta motorizado por la construcción de un orden social más justo, más igualitario, la idea de que una sociedad diferente es posible de construir.

                Sin duda el 8M debe sortear el desafío de la continuidad en la lucha, no puede ser solo una fecha de las mujeres, la responsabilidad es construir colectivamente una visión de futuro.  La memoria histórica de nuestras conquistas es el punto de partida para construir mecanismos de resistencia ante la avanzada neo conservadora regional que micro machismo mediante, comienza una campaña de regresión sobre todas nuestras conquistas.

                Porque como  decía Aleksandra Kolontai: “La base de cualquier revolución, es el amor”

               

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