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Malvinas se ha latinoamericanizado


05 de abril de 2017

Si bien los británicos ocuparon militarmente el archipiélago malvinense en enero de 1833, el recurso de dominación por maniobra militar en el subcontinente viene de mucho tiempo antes. Fueron las expediciones sobre Montevideo, Maldonado y Colonia al mando de John McNamara, entre diciembre de 1762 y principios de 1763 las que derivaron en la primera ocupación británica de las Islas Malvinas a partir de la incursión del navegante John Byron y de las dos invasiones militares  en 1806 y 1807.  Posteriormente,  entre 1845 y 1848, en alianza con los franceses, hubo otro bloqueo que intentó violentar la soberanía nacional con una incursión ilegítima en los  ríos interiores.

Esas acciones inglesas no se resumen estrictamente a las iniciativas castrenses, abotagadas en su mayoría de numerosos fracasos en la región. En forma paralela a sus avanzadas, los británicos pusieron en marcha mecanismos de carácter financiero en sintonía con las clases terratenientes criollas de aquel país emergente tras las batallas por Revolución porteña de Mayo y la Independencia, entre los que se destaca significativamente el acuerdo impulsado por Bernardino Rivadavia con la Baring Brothers en 1824, primordial para la afirmación de Inglaterra como principal comprador de materias primas y que tuvo su secuela en plena crisis de los años treinta con la suscripción del pacto, entre el entonces vicepresidente de la Nación,  Julio Roca hijo y el titular de la Junta de Comercio inglesa, Walter Runciman.

Tras la depresión mundial de esos años, se abrió la posibilidad en los estados semicoloniales, de iniciar la marcha hacia la industrialización. La Segunda Guerra Mundial benefició de nuevo a la Argentina al aislarla de las potencias occidentales. La sustitución de importaciones, la prosperidad del mercado interno y la organización sindical de la masa obrera hija de los inmigrantes en la aparición de Juan Domingo Perón, fueron los signos externos de una nueva época a pesar del desdén de la elite conservadora  y probritánica. La hegemonía cultural de la europeización en el sistema cultural y educativo no cedió tampoco en esos años del peronismo fundacional. Parte de las clases medias fueron arrastradas bajo los encantos del sector oligárquico, amantes de los explotadores coloniales directos de la Argentina y conspiradores del golpe de 1955. Son esas mismas castas que insisten en sintetizar la gesta de Malvinas en el sentimiento sarcástico de Margaret  Thatcher quien afirmaba que ?la guerra en las islas fue una lucha de la democracia inglesa contra la dictadura argentina.

La guerra por Malvinas de 1982 constituye un centro histórico más en el marco de un sistema de relaciones bilaterales desiguales entre un Estado central y otro periférico, con umbrales de poder completamente distinto. En esa línea, se desprende varias controversias para analizar. Una de ellas es el hecho de ?desmalvinizar? el conflicto, término que si bien suele atribuirse al pensador francés Alain Rouquié, procuraba que en pos de evitar que los militares vuelvan al poder, desde los medios de comunicación había que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina porque para los militares las Islas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, y que su función primordial es garantizar la defensa de la soberanía nacional.

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