Opinarg

Más juntas y bien distintas


11 de octubre de 2016

¿Cuánto miedo se le tiene a lo ?distinto?? ¿Cuánto se le teme a lo que esta fuera de lo ?normal?? ¿Quién construye esa normalidad? Son todas las preguntas que surgen cada 12 de octubre cuando miramos hacia adentro.

Aunque el trabajo debería ser constante, sin duda hemos construido mucho en los últimos años. Nos hemos preguntado quiénes somos, hemos reescrito nuestra historia nuevamente. Pero ¿qué pasa hoy en día? ¿Cómo es nuestra percepción de nosotros mismos? ¿Quiénes somos los y las habitantes de este territorio tan rico y observado por tantos?

Hoy vivimos en país en donde su Ministro de Educación celebra la inauguración de un establecimiento educativo con una perfecta metáfora de la brutal Campaña del Desierto, la que se llevó parte de nuestra historia, esa historia que muchos quieren negar. Me pregunto qué sintieron esas madres a las que les hablaba el Ministro, qué sintieron esos vecinos, a los que les aseguró que viven en un desierto que ellos venían a poblar.

También en nuestro país, el cual cuenta con una ley de aborto no punible, que permite a las mujeres interrumpir el embarazo en casos como violación o peligro para la vida de la mujer, a una niña wichi con retraso madurativo, embarazada producto de una violación colectiva, se la obligó a padecer una cesárea, negándole su derecho a abortar. A los minutos de nacer, el bebe murió producto de malformaciones que ya se conocían, dejando a una niña desprotegida, doblemente ultrajada, primero por un grupo de criollos que sobre ella impusieron la misma ley que en la antigua campaña del desierto: ?nuestras tierras, nuestras mujeres?; y luego por el Estado quien no supo ni pudo acompañar y asistir a esa niña, que ni si quiera pudo declarar para describir sus sentimientos, por no contar con un traductor, en su propia tierra, ante la justicia de su propio país.

Necesitamos políticas de estado que nos contemplen como somos: distintxs. Para terminar con la invisibilización de nuestras diferencias, para terminar con la simplificación de los problemas que a cada una de nuestras subculturas las atraviesa.

Si hablamos de nosotras, todavía existe una mirada unificada de ?las mujeres?, viéndonos de un modo general, de manera indiferenciada. Es hora que prestemos una atención especial a las diferencias que existen entre las mujeres.

Cuando quieren somos, cuando no quieren no. Somos el cupo reproductor, somos el cupo explotado laboralmente, somos las culpables de tantos males, tenemos una función biológica determinada, para eso vinimos, eso aportamos, no más.

A días de haberse realizado el 31 Encuentro de Nacional de Mujeres los medios titulan ?Así quedó Rosario después del ENM? pero nunca hablan los medios cuando morimos, de si somos las más pobres, de si cobramos menos. Ninguno habla de nosotras cuando nos organizamos, y juntas peleamos por las demandas que llevan años de reclamo a un Estado ausente y silencioso. O quizás hablan para protegernos y no apoyar medidas que nos discriminen, como la paridad. ?Hay problemas importantes? dicen algunos, ?otros colectivos van a reclamar su espacio también?

Les tengo una noticia, la paridad es una herramienta que a diferencia de lo que muchos piensan nos ayudará a definir y construir nuestras identidades como mujeres. Sí, somos todas mujeres, pero somos distintas, aunque podemos estar unidas, podemos pelear juntas. Somos distintas y en eso radica la fuerza de nuestro empuje.

A las mujeres les pido, que levantemos la bandera de la diferencia como lucha política y hagamos de esta una oportunidad para gritar aún más, más unidas, bien distintas y por más derechos.

 

12/10/2016

Compartir esta nota en