Nutrición: Cómo incorporar semillas a tus comidas

Hay dos formas de consumir las semillas:

1) Intactas, enteras, sin machacar ni hidratar. Si la comemos así actúan como cualquier #fibra ya que al comerlas con la cáscara intacta no podemos digerirlas -excepto la que justo mordemos o las de girasol que no la comemos con cáscara- porque el contenido está en el interior.

Al no poder acceder al interior de la semilla no podemos aprovechar sus propiedades pero tampoco extraemos sus calorías ni sus grasas. En este caso sirve únicamente como fibra, que no es poca cosa, ya que retrasa la digestión, brinda mayor saciedad y favorece el tránsito intestinal.

2) Machacadas o previamente remojadas para ablandar la cáscara. Si las machacamos o las hidratamos favorecemos la digestión y podemos acceder al interior de la semilla. De esta manera accedemos a sus calorías y sus grasas pero también a los beneficios que estas grasas aportan. Por ejemplo vitaminas, minerales, antioxidantes y ácidos grasos esenciales que ayudan a reducir el colesterol y mejorar el perfil de grasas en sangre.

Ahora que saben la diferencia y para qué sirve usarlas de tal o cual forma pueden decidirlo ustedes.

 

Por: Lic. M. Laura Romano MN 5992 (UBA)

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