Opinarg

Reducir los costos en dólares del salario es la principal premisa


02 de febrero de 2018

Columna de Mariano Beristain

Click en la foto para ampliar

El economista neoliberal, Javier Milei explicó con entusiasmo hace unos días que el Gobierno está particularmente interesado en reducir el precio de los salarios en dólares.

Desde la lógica de Milei, una de las alma maters mediáticas del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reducir los costos en dólares del salario es la principal premisa para terminar con todos los males económicos de la Argentina.

Pero lo grave es que Milei, un hombre muy propenso a los desvaríos, no es el único que lo piensa. También forma parte de las obsesiones lunáticas del presidente Mauricio Macri y de buena parte de su equipo economico.

Que quede claro de qué hablamos. Para los empresarios, el "costo" del salario, entendido como tal, comprende el haber que el trabajador recibe en mano (neto) como contrapartida por la tarea que realiza, el tiempo que le dedica, la experiencia acumulada y el desgaste que sufre durante su labor. Sin embargo, dentro de ese "costo", el patrón también incluye los aportes que debe realizar para garantizarle un seguro laboral (ART), la cobertura médica para que siga trabajando, y de retiro (jubilación), entre otros rubros.

Es decir, cuando el Gobierno y los economistas ortodoxos hablan de bajar el costo laboral apuntan en realidad a reducir el salario de los trabajadores y a quitarles (o empeorarles) el acceso a su obra social/prepaga y el resto de los beneficios.

En los últimos dos años y algo, desde diciembre de 2015, Macri avanzó notoriamente a en este sentido. "El salario mínimo, medido en dólares -comenta la diputada y economista Fernanda Vallejos- cayó de 573 a 478 dólares, perdiendo 95 dólares". Pero usted me dirá, con cierta dosis de razón, que no cobra su remuneración ni paga lo que compra en dólares sino en pesos.

Eso es cierto pero también es verdad que la economía argentina tiene buena parte de sus bienes y servicios dolarizados. En otras palabras, cuando sube el precio del dólar también aumentan de precio gran parte de los productos y servicios que consume su familia. Veamos un par de ejemplos que confirman esta premisa. En los últimos días de noviembre de 2015, el dirigente agropecuario Néstor Roulet se quejaba porqué el litro de leche en sachet se pagaba en las góndolas 13 pesos y los tamberos cobraban menos de 4 pesos. Con un tipo de cambio a $ 9,60, el litro de leche le costaba al consumidor 1,13 dólares. En enero de 2018, el litro de leche le cuesta al consumidor en promedio $24 en la góndola de un supermercado. En otras palabras, comprar hoy un litro de leche es más caro, medido en dólares, que hace dos años y pico atrás pues entonces el trabajador pagaba 1.13 dólares por litro y ahora desembolsa 1,22 dólares. Para sintetizarlo, con un salario mínimo una familia podía adquirir en diciembre de 2015 más de 510 litros de leche y ahora, en cambio, se lleva casi 392 litros. El cambio de modelo económico le arrebató a esa familia 118 litros de leche por mes. Este caso afecta particularmente a los sectores de ingresos más bajos.

Pero el fenómeno se aprecia en casi todos los productos, y en algunos con más gravedad. Por ejemplo, el Gobierno gobernó desreguló de facto los precios de los medicamentos y éso le permitió a los laboratorios, particularmente a los más grandes, nacionales y extranjeros, que mantienen una posición oligopólica en algunos segmentos sensibles, aumentar los precios, incluso medido en dólares. Los autos y las partes y piezas cada vez provienen más del extranjero y su precio se fija en dólares. Tanto es así que el precio de algunos Kim, como los que comercializa la marca coreana Kia, no aparecen en pesos sino en dólares. 


Desde que llegó al Gobierno Cambiemos se ha dedicado a mejorar los precios relativos de aquellos sectores patronales que mantienen una posición dominante, particularmente donde anidan multinacionales; combustibles, alimentación, salud, servicios públicos privatizados, telefonía, entre tantas otras. Ósea el Gobierno ha creado las condiciones para que los segmentos regulados, en los que interviene el Estado, ganen más en dólares, gracias a la mediación del Gobierno en su favor. En cambio, el mismo Poder Ejecutivo se metió de lleno en las paritarias para evitar que los salarios suban más que las falsas metas de inflación que no se cumplieron ni en el 2016 (dijo que iba a ser 25% y terminó en 41%) ni en el 2017 (estimó entre 12 y 17% pero los números reales cerraron en 24,8%) y significaron una reduccion de facto de los salarios. Cambiemos diseñó una política abocada a asegurarles un piso alto de rentabilidad en dólares a las multinacionales a costa de la caída de los ingresos de los trabajadores.

En la década larga K los empresarios ganaron mucho dinero aumentando las unidades de productos que vendían gracias a la mejora del poder adquisitivo de los salarios y el ingreso de nuevos consumidores que dejaron de ser pobres, en cambio ahora el marxismo alimenta la rentabilidad de las multinacionales quitándole el dinero a los pobres y a la clase media sin obtener ninguna contraprestación de las empresas.

En este marco empieza a observarse una medida peligrosa. A contramano de su discurso pesificador, el Banco Central habilitó a los comercios para que puedan cambiar y tomar dólares, en línea con la liberación total del mercado de capitales decretada por el BCRA en los últimos dos años. "Permitir la compra-venta de dólares en los comercios va en sintonía con crear una economía bimonetaria. Después, dolarizar la economía es más fácil", advirtió en su cuenta de Facebook el economista heterodoxo, Mariano Kestelboim.

La idea de dolarizar la economía forma parte de un manual escondido que escribió hace un tiempo el ahora presidente del Banco Central. Pero antes de consolidar una economía bimonetaria, en la que convivan el peso argentino y el dólar estadounidense, o directamente dolarizada, el Gobierno apuesta a terminar de ordenar un nuevo modelo de precios relativos en los que todos los salarios del sector público (de los empleados públicos y las jubilaciones) y del sector privado se ubiquen decididamente por debajo del 2015. El ejemplo más claro es el de la jubilación mínima (actual PUAN) que, según el especialista Juan Carlos Díaz Roig, pasó de uSs609 a menos de 300 dólares, lo que significó una quita superior al 50%.

Es decir, una economía bimonetaria o dolarizada busca asegurarles a las grandes compañías una rentabilidad elevada gracias a una reducción del 50% de los ingresos de los trabajadores (activos y pasivos). Este es uno de los ejes centrales del proyecto de país de Cambiemos.
Mariano beristain

Compartir esta nota en