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Bolivia vuelve a votar, con un clima de tensión y un final abierto


17 de octubre de 2020

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Con un contexto económico apremiante, Bolivia elige mañana presidente y vice, 130 diputados y 30 senadores. Arce, Mesa y Camacho son los principales candidatos, en una clima de tensión con una probable segunda vuelta.  

Por Franco Galeano (*)

Este domingo hay elecciones en el Estado Plurinacional de Bolivia. A casi un año de la instalación del gobierno provisional de Jeanine Añez, bolivianos y bolivianas de todo el mundo podrán elegir presidente, vicepresidente y al nuevo Congreso (130 Diputados y 30 Senadores). 

La elección ofrece un escenario abierto, de alta incertidumbre donde las encuestas pronostican que Luis Arce será el candidato más votado. Existe tanto la posibilidad de una victoria en primera vuelta de Arce, candidato del MAS-ISCP, como la chance de que Carlos Mesa (CC) acceda a una segunda vuelta. En un eventual balotaje, todo conduce a pensar que Mesa se convertirá en el próximo presidente de Bolivia.

Para que un candidato obtenga la presidencia en primera vuelta, es necesario obtener el 50% de los votos o al menos el 40% y tener una diferencia de 10 puntos con el segundo.
Dados los acontecimientos sucedidos la anterior elección, estas reñidas elecciones resultan de vital importancia al abrir la posibilidad de un retorno de la institucionalidad democrática pacifico. Tal retorno no resulta sencillo dado que el país se encuentra dividido, con un discurso público abiertamente combativo y con hechos que se dan a partir de 2016 que no resultan alentadores. Repasemos a continuación los antecedentes.

Los antecedentes

Las elecciones de 2014 parecían ser las últimas de Evo Morales, primer presidente latinoamericano de orígenes indígenas, luego de tres mandatos reforma constitucional mediante (uno gracias a una reinterpretación). Pero en 2016 propone un referéndum para ser habilitado a una nueva reelección. En el mismo es derrotado por un escaso margen, aunque en 2017 acude al Tribunal Constitucional, que avala el “derecho humano” de Evo a competir en elecciones presidenciales. El desconocimiento del referéndum desata una ola de conflictos, que a modo de ver del autor de esta nota tienen su punto cúlmine en el golpe de estado de noviembre de 2019.

El golpe de estado ocurre luego de las elecciones celebradas el 20 de octubre del año pasado, donde fruto de acusaciones de fraude avaladas por la OEA (posteriormente refutadas por especialistas) se desata una ola de protestas que finalizan con un militar sugiriendo al presidente en funciones renunciar, un bloqueo nacional durante tres semanas orquestado por la oposición, un presidente exiliado y una presidenta autoproclamada en un Congreso semivacío. Añez asume como presidenta provisional, avalada por el Tribunal Constitucional, bajo la promesa de normalizar la situación y llamar rápidamente a elecciones. Las elecciones fueron convocadas luego del plazo prometido, y pospuestas dos veces. Las acciones del gobierno no se limitaron a normalizaciones, incluyeron privatizaciones denunciadas incluso por aliados al gobierno. Una promesa realizada por Añez era la de no presentarse a elecciones, algo que efectivamente cumplirá luego de haberse retirado hace semanas de la contienda.

Los candidatos

Al verse imposibilitado de postular a sus dos principales referentes (Evo Morales y García Linera), el MAS-ISCP designó como candidato a Luis Arce. Ex ministro de Economía y Finanzas durante el período de oro de la economía boliviana, es considerado uno de los arquitectos del inédito crecimiento de los últimos tiempos. Tales pergaminos lo sitúan como el candidato ideal para el MAS en un contexto económico apremiante para el vecino país.

Como principal competidor y líder opositor se presenta Carlos Mesa. El paceño cuenta con experiencia en el cargo, entre 2002 y 2003 fue vicepresidente y luego presidente hasta abandonar anticipadamente el cargo en 2005. Fue acompañado en 2019 por el frente Comunidad Ciudadana, siendo el segundo candidato más votado. Posee el apoyo de la mayoría del arco opositor, aunque no logra afirmarse en el oriente del país, principalmente en Santa Cruz donde parece imponerse la figura de Fernando “El Macho” Camacho.

Quién es Camacho

Camacho, protagonista del golpe de noviembre de 2019, aspira a la presidencia de Bolivia. El cruceño se sitúa tercero en las encuestas. Su perfil reivindica las pretensiones del oriente, sumamente diferentes a las del mundo andino. Camacho representa a la élite camba,  la región más rica del país, que con un cuarto de la población produce aproximadamente un tercio del PIB nacional.

Su posición en las encuestas ha producido constantes presiones a declinar su candidatura, que han aumentado luego de que la presidenta en funciones haya retirado la propia. Pero a pesar de ver frustrados los intentos de Santa Cruz de posicionar a un camba en el Palacio Quemado, su postulación permite posicionar a un número significativo de representantes en el Congreso que permitan a Santa Cruz ver representados sus intereses.

Esto es importante tanto frente a un eventual gobierno del MAS como para un gobierno de Mesa: en caso de que triunfe el MAS se aseguran de tener voz en el parlamento; en caso de un gobierno de Mesa, que psi gana gobernará minoría, poseen la llave para destrabar negociaciones legislativas. La estrategia planteada anteriormente no descarta un eventual voto estratégico a Mesa de aquellos sectores que en primera instancia votarían a Camacho, pero que desean evitar a toda costa el triunfo del MAS en primera vuelta. 

Un clima de tensión

Las encuestas indican una eventual segunda vuelta, aunque mencionan un alto nivel de personas que no quieren revelar su voto y que a pesar de la pandemia acudirán a votar (Bolivia se caracteriza por su elevada participación electoral). Las encuestas no contemplan al electorado rural y a los residentes en el exterior, que históricamente han apoyado al MAS y que podría resultar en un triunfo en primera vuelta de Arce. Esto puede resultar problemático dado que estos grupos suelen ser los últimos en ser cargados en el conteo provisorio. Una virtual segunda vuelta en el conteo provisorio a las 22 que en un par de horas sea un resultado que proclame a Arce no resulta algo descabellado, esta situación hipotética no dista mucho de la que provocó la ignición en 2019.

Por otro lado, ambos espacios temen que su rival obtenga la victoria mediante fraude, dejando al ganador en una delicada situación. Vale aclarar, estas sospechas son infundadas para algunos sectores pero sirven para articular una protesta. 
Vale la pena recordar la frase del profesor Przeworski sobre la democracia, es un “sistema donde los partidos pierden elecciones”.

El desconocimiento de la victoria del oponente torna a la democracia un juego inviable en Bolivia. Las elecciones del domingo, de las cuales probablemente no sepamos los resultados ese mismo día, plantean la incógnita de si los actores políticos aceptarán los resultados. ¿El MAS aceptará acceder a una segunda vuelta? ¿La élite cruceña aceptará una victoria del MAS o se revelará nuevamente? Las urnas aparecen como una salida pacífica a un conflicto en ascenso, dependerá de la política boliviana si desea darle una salida democrática a este conflicto.

(*) Docente Universitario. Licenciado en Ciencias Políticas y Maestrando en la Universidad Torcuato Di Tella. 

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