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Bolsonaro no logró cambiar el sistema de votación en Brasil


12 de agosto de 2021

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El presidente de Brasil amenazó con no reconocer el resultado de las elecciones presidenciales de 2022, si no se adoptaba como complemento el voto impreso.

La Cámara de Diputados de Brasil frenó el intento de Jair Bolsonaro para cambiar el sistema de voto electrónico, a raíz de la cual se desató un grave conflicto institucional. El presidente brasileño ya comenzó a agitar el fantasma del fraude en las elecciones presidenciales del año que viene, en las podría participar Lula.

Bolsonaro consiguió 229 votos a favor, de los 308 necesarios, en el Congreso. Fueron 218 los diputados brasileños que rechazaron incluir una enmienda en la Constitución para adoptar un sistema mixto de votación en las elecciones con urnas electrónicas y papeletas, como exigía el mandatario ultraderechista. El Presidente brasileño llegó a amenazar con no reconocer el resultado de las elecciones presidenciales de 2022, si no se adoptaba como complemento el voto impreso, pues está convencido de que las urnas electrónicas, vigentes en el país desde 1996, fomentan "fraudes", aunque no ha aportado prueba alguna al respecto.

La decisión de la Cámara Baja es una dura derrota para el mandatario y archiva por completo la iniciativa, que necesitaba el respaldo de al menos tres quintas partes del pleno (308 de los 513 diputados) para pasar a trámite en el Senado. "El resultado no alcanzó el quórum para su aprobación, será archivado y ese asunto está este año cerrado. No hay tiempo ni espacio para iniciar nueva discusión", afirmó al término de la sesión el presidente de la Cámara, Arthur Lira.

"La urna electrónica es auditable, fraude es el voto impreso", sentenció el diputado Elvino José Bohn Gass, del progresista Partido de los Trabajadores (PT), contrario a la medida y quien pidió centrarse en combatir la crisis económica y sanitaria provocada por COVID-19. El sistema electrónico de votación, elogiado en diversas ocasiones por diversos observadores internacionales, funciona en Brasil desde 1996 y no ha sido objeto de sospechas desde entonces.

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