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Bracamonte: Rock, fútbol y Maradona


07 de diciembre de 2020

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El ídolo de la infancia de Bracagol fue el Diego. En sus primeros pasos en primera pudo compartir vestuario y luego fue con la música que le pudo expresar su amor.

Por Diego Paulich

Lo vio por la tele en Barcelona siendo apenas un nene. Lo disfrutó en México, con la Mano de Dios y el Gol del Siglo. Más tarde, hubiera dado todo por ser napolitano. Incluso, cuando decidió ponerle todas las fichas a la redonda, le dijo a su mamá que quería estudiar italiano porque iba a jugar allá, como Diego, claro. El anhelo de Héctor Bracamonte se cumplió a medias: logró ser jugador, pero a Italia solo fue de vacaciones. Pero no por eso pasó desapercibido en su carrera: el pueblo Xeneize lo bautizó Bracagol y supo ovacionarlo, se convirtió en ídolo en Rusia y hasta tuvo la oportunidad de compartir vestuario con ese tal Maradona que lo obnubilaba en su infancia.

Futbolista y rockero. Cantante y goleador. Popi es multifacético y contracultural. ¿Un bicho raro en el fútbol? Puede ser. Llegó de adolescente a Buenos Aires desde su Río Cuarto natal con los botines, unas pocas cosas, cientos de sueños y una estampita del Diez que le hizo compañía en sus días de pensión en Casa Amarilla. Y a finales de los 90, en aquel dream team bostero, supo ser uno más del plantel que veía llegar a Diego un día en camión y otro en una Ferrari.

Hijo de una familia marcada por la música, sus ojos siempre se posaron en la pelota, pero sin dejar de lado la guitarra. Consiguió lo que pocos: hacerlas convivir. A tal punto que hizo goles y tocó en un mismo escenario único como La Bombonera. Personaje de mil locuras, alguna vez se escapó de la concentración de Los Andes para ser una más de las 50.000 almas que vibraron en la cancha de Atlanta, cuando La Renga presentó su disco de la estrella. Al otro día, a la mañana, salió a la cancha como si nada.

En los inicios de los 2000, jugando para el FC Moscú, trasladó todo su amor maradoniano a una letra. "Sos venganza de los pobres y bandera de los tristes" es parte de la descripción que hace del mejor jugador del mundo, en un tema que recuerda el partido contra los ingleses, el tatuaje del Che, su defensa a la Italia más débil y su confrontación con las clases más altas. Esa misma canción que, más de diez años después, llegó a los oídos de Maradona.

El cordobés supo tener su banda de rock y de vez en cuando se anima a rocanrolear en público con bandas amigas. Pero fue Rorro Carballo, técnico con un gran conocimiento en juveniles con una linda amistad con Diego, quien le hizo escuchar el tema al Diez. Y de paso, cumplió con un pedido: que le pusiera nombre. "Mi capitán", dijo Maradona sin dudar.

A los 42 años, Bracamonte esquiva los flashes. Prefiere un asado entre amigos que salir en la televisión y atesora la última entrevista que dio: la que le hizo su gran amigo, el recordado Turco Wehbe. Pero haciendo bandera de su perfil bajo, sigue ligado al mundo del fútbol: trabajó un largo tiempo en las Inferiores de Boca y hoy es una de las cabezas de las Juveniles de Huracán.

Hace una semana atrás, cuando se conoció la dolorosa noticia, Braca no habló, no dio notas, no dijo nada. Lo lloró en silencio desde el amor más puro, intentando no molestarlo, como hizo siempre, a pesar de que la vida le permitió tenerlo cerca en más de una oportunidad. Claro, él ya lo había homenajeado en vida, con un temazo que asegura que "la pelusa es infinita" y que "el pibe de oro aún existe, nadie borra lo que hiciste".

Música "Mi capitán" de Héctor Bracamonte. Video de Rorro Carballo.

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