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Brasil: ni la salud ni la economía


25 de abril de 2021

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El país de Bolsonaro está entre los más afectados por la pandemia y su economía también enfrenta una situación crítica.

Desde el inicio de la pandemia, Jair Bolsonaro cobró mayor relevancia por su despreocupación ante el coronavirus y el rechazo a los consejos de los expertos en salud al argumentar que el daño económico de los cierres, la suspensión de las actividades de negocios y las restricciones de movilidad que recomendaron sería una amenaza mayor que la pandemia para la débil economía de Brasil.

Esa postura causó una de las cifras de víctimas mortales más altas del mundo pero también falló en su objetivo de sostener la economía del país.

La saturación del sistema sanitario brasileño el mes pasado obligó a distintos gobiernos estaduales a imponer restricciones y cuarentenas, a pesar de la postura aperturista del presidente. Sin embargo, un informe oficial registró que unas 19 millones de personas pasaron hambre durante el 2020, casi el doble de los 10 millones que experimentaron una situación similar en 2018. Además alrededor del 55% de la población del país enfrentan inseguridad alimentaria con acceso incierto a nutrición en 2020.

El año pasado, el gobierno otorgó subsidios de emergencia en efectivo que ayudaron a millones de brasileños a pasar la pandemia, pero los recortes de este 2021 profundizaron la crisis. “La forma en que el gobierno manejó el virus profundizó la pobreza y la desigualdad”, dijo Douglas Belchior, fundador de UNEafro Brasil, una de las organizaciones que se han unido con el fin de recaudar fondos para llevar alimentos a las comunidades vulnerables. “El hambre es un problema grave e incurable en Brasil”, remarcó.

Según el Instituto de Geografía y Estadística de Brasil, ocho millones de personas perdieron el empleo en Brasil durante la pandemia y empujaron la tasa por encima del 14%. Desde el 2014, la economía brasileña entró en recesión y no se había recuperado cuando llegó la pandemia.

“La gente necesita libertad, derecho a trabajar”, comentó Bolsonaro el mes pasado el presidente, ante las nuevas medidas de cuarentena impuestas por los gobiernos locales, las que consideró que equivalían a vivir en “dictadura”.

El presidente también desestimó la amenaza del virus, sembró dudas sobre las vacunas, que su gobierno empezó a procurar con retraso y a menudo alentaba a multitudes de sus seguidores en eventos políticos.

Recién las últimas restricciones le dieron aire al sistema sanitario pero ya a esta altura, la expectativa de vida en San Pablo, foco principal de la pandemia en Brasil, cayó en 2020 por primera vez desde 1940 a causa de las muertes por coronavirus, lo que confirma la tendencia de reversión demográfica que está provocando el virus, concluyó un estudio oficial.

Bolsonaro también sufrió en política, con la anulación de las condenas a Lula, quien se prepara para competir por la presidencia el año próximo.

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