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De líder estudiantil a presidente


20 de diciembre de 2021

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Con apenas 35 años, Gabriel Boric ganó el balotaje en Chile con casi el 56% de los votos. Surgido de los reclamos por una educación gratuita en 2006, se convirtió en diputado y será el presidente más joven de la historia en Chile.

Gabriel Boric nació el 11 de febrero de 1986 en Punta Arenas, una pequeña ciudad tres mil kilómetros al sur de Santiago de Chile. En 2006 fue una de las caras visibles de la “Revolución pingüina”, una serie de protestas de estudiantes universitarios y secundarios ante el aumento del costo de la Prueba de Selección Universitaria (un examen de ingreso) y la limitación al uso del boleto estudiantil.

En 2011 decidió ser candidato a diputado. Mientras que Camila Vallejo y Giorgio Jackson, los otros referentes de las movilizaciones del 2006, se presentaron por la coalición Nueva Mayoría, liderada por la expresidenta Michelle Bachellet, y Boric por fuera, como militante de Izquierda Autónoma y en 2016 fundó el Movimiento Autonomista con el objetivo de renovar a la izquierda chilena. Su objetivo era crear un nuevo espacio que se presente como una alternativa a las dos coaliciones que gobernaron Chile después de la dictadura de Pinochet.

Desde los sectores conservadores y de derecha sostienen que su presidencia puede convertir a Chile en “una nueva Venezuela”. Sus adherentes son en buena parte jóvenes que quieren cambiar el sistema económico neoliberal heredado de la dictadura de Augusto Pinochet, un sistema que llevó al país a ser modelo de desarrollo en América Latina pero que también generó profundas desigualdades sociales.

En primera vuelta consiguió ser el candidato más votado dentro de los sectores de izquierda y consiguió así el respaldo de Michelle Bachelete de cara al balotaje. "Si Chile fue la cuna del neoliberalismo en Latinoamérica, también será su tumba", dijo Boric al comienzo de su campaña para luego moderar su discurso y conseguir el apoyo de los indecisos. También esa moderación de centro izquierda se vio en su discurso, donde afirmó un gobierno “para todos los chilenos y chilenas”, que tendrá “los pies en el barro” y que velará por la igualdad, la seguridad y los derechos humanos.

También apuesta al diálogo, sabiendo que tendrá un Congreso dividido y con la necesidad de consensuar para llevar adelante el gobierno al mismo tiempo que se discute la nueva Constitución.

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