Opinarg

El tiempo - Tutiempo.net

El año que nos hizo Coaching a todos


27 de enero de 2021

Compartir esta nota en

Alejandro Borgo

Lic. en Economía y Coach Ontológico. Autor del libro “De la Luna al Sol”

El Coaching Ontológico hoy en día es una disciplina que si bien se encuentra gozando de una popularidad en alza, lo cierto es que tanto sus objetivos, como el alcance de sus herramientas, permanecen en el ámbito de lo desconocido para un gran número de personas.

La premisa principal sobre la que se basa, es que poseemos una forma de Ser que puede crecer y ser transformada. De hecho el significado de las palabras Coaching Ontológico se refiere específicamente a ello, donde “Coaching” hace referencia a entrenamiento y “Ontológico” a la naturaleza del Ser.

Si repasamos nuestra vida, vamos a darnos cuenta de que en distintos momentos del tiempo realizamos algún tipo de entrenamiento. Ya sea porque queríamos lucir un físico más sano, obtener un título universitario, o elaborar una comida específica. Sin embargo, también nos vamos a dar cuenta del poco tiempo que le dedicamos a entrenar nuestra forma de ser y operar en el mundo.

Esta forma de ser generalmente se encuentra sostenida por creencias y paradigmas que en muchos casos absorbemos en la infancia, principalmente observando el comportamiento de nuestros familiares y de las personas que nos rodean. Lo anterior no es menor, ya que la variable que en definitiva determina en gran parte el grado de las preocupaciones que tenemos, de los miedos que sentimos y hasta del estado anímico que habitamos, depende de lo que fuimos tomando consciente o inconscientemente de otros.

Lejos de ser la solución para todos los problemas de la vida -ya que no vale todo dentro del dominio del Coaching-, la invitación que se hace es justamente a revisar cómo observamos el mundo a partir de una forma de ser determinada. Hay una frase muy conocida atribuida a Albert Einstein en la que se enfatiza que “los problemas creados con un nivel de pensamiento, no lo los podemos resolver con el mismo nivel de pensamiento”. A mi entender, la anterior cita describe perfectamente el proceso que propone el Coaching Ontológico: observar distinto para actuar diferente y así lograr nuevos resultados en lo personal, en lo social y en lo laboral.

Desde el dominio personal, lo que nos viene a mostrar esta disciplina es que en definitiva no observamos la realidad tal cual es, sino que la observamos a partir de cómo somos nosotros. Es decir, filtrada por nuestras creencias y paradigmas culturales.

No obstante, una vez que identificamos los determinantes que sostienen nuestro mundo interno la tarea continúa, ya que dicho descubrimiento es sólo el primer paso de un ejercicio que en su naturaleza es teórico-práctico. Al reconocer los mencionados causantes, se habilita en nosotros la posibilidad de preguntarnos si queremos seguir creyendo más de lo mismo o si elegimos resignificarlo. Sin embargo, esto último es un proceso que dista de ser automático, se configura desde el hacer e implica nuestro compromiso y esfuerzo.

A modo de ejemplo, si a través del Coaching nos dimos cuenta que nunca aprendimos a marcar límites, lo cual puede estar sostenido en creencias tales como “si pongo límites no me van a reconocer, o no me van a querer”, entonces para resignificar aquello vamos a tener que decir que “no” en muchas situaciones que antes hubiésemos complacido. Ahora bien, si toda la vida nos pasamos diciendo que “sí”, nos va a llevar un tiempo establecer límites que reflejen la coherencia de actuar en línea con lo que sentimos y pensamos.

Desde el dominio social y vincular, el Coaching Ontológico también realiza un aporte no menor en términos de resultados. Esto se debe a que una vez que conocemos las creencias y paradigmas que sostienen nuestro mundo interno, entonces somos capaces de discernir qué es lo que nos pertenece a nosotros, y qué es lo que le pertenece a los otros. De esta manera, dejamos de tomar como algo personal los juicios que terceros tengan sobre nosotros ya que en definitiva hablan de su manera particular de observar el mundo.

No obstante, lo anterior no implica que entonces no existan más discusiones, enojos o frustraciones por expectativas no cumplidas. La vida también opera y eso es inevitable. Ahora bien, al reconocer al otro como un legítimo otro -es decir, con creencias y paradigmas distintos a los nuestros- lo que hacemos es dejar de intentar cambiarlo, para pasar a mostrarle un camino. De esta manera, dentro de una discusión, un enojo o una frustración, evitamos quedarnos enganchados en la misma temática a lo largo del tiempo.

Finalmente, desde la dimensión laboral, el Coaching Ontológico también nos brinda herramientas que nos permiten obtener resultados distintos. Esto se debe a que una vez reconocidos los determinantes de nuestro mundo interno, al mismo tiempo que contemplamos al otro como un legítimo otro, es que somos capaces de tener una conversación desde un nuevo nivel de profundidad. Dicho de otra manera, podemos plantear nuestras inquietudes en primera persona, desde lo que sentimos y sin tomar la devolución que nos hagan como algo personal.

De este modo, lo que logramos evitar es el radio pasillo que se termina generando en las organizaciones, que no es más que la consecuencia de no tener -o no saber tener- conversaciones profundas dentro de este ámbito. Sin embargo, cabe señalar que dichas conversaciones no nos van a asegurar el éxito de un proyecto ya que existen muchas cosas que no podemos controlar. Lo que sí nos asegura, es que el proceso hacia el objetivo sea compatible con un estado anímico de mayor armonía y entendimiento.

2020, un Coach que nadie esperaba

Una de las peculiaridades que posee el Coaching Ontológico, en cuanto a su capacidad de ampliar la manera en que observamos el mundo, es que no sólo es propiedad del Coach “hacer Coaching”. Es decir, los cambios de perspectiva que desarrollamos a lo largo de nuestra vida, pueden ser consecuencia también de la dinámica de otras variables, tales como el paso del tiempo, la pérdida de algo considerado valioso, o incluso un año particular como lo fue 2020.

Claro está que las diferentes variables poseen distintos niveles de efectividad. No obstante, creo que sin dudas podríamos afirmar que el año pasado nos ha cambiado significativamente la forma en que interpretamos y pensamos las situaciones que se nos presentan. El 2020 fue un gran e inesperado Coach para todos nosotros.

Este periodo tan particular que nos tocó vivir, puso de manifiesto en muchos de nosotros un vacío oculto, el cual emergió principalmente a través de las emociones que transitamos de forma recurrente. Pudo haber sido la ansiedad por no saber cuándo termina la situación de pandemia, la tristeza por haber perdido diferentes cosas, el enojo por considerar injusto lo que sucedió y sigue sucediendo, o miedo por la incertidumbre de que podríamos perder aún más.

Si nos sumergimos con mayor profundidad sobre las mencionadas emociones, podemos observar que en definitiva no son más que el reflejo de una sensación de vacío que llevamos en nosotros, y que el contexto nos lo puso de frente. Este vacío del que hablamos no es más que la otra cara de haber frenado nuestro hacer cotidiano. Sin embargo, debemos realizar una importante distinción aquí; no es solamente un vacío externo el que se manifestó, sino también un vacío interno.

La gran mayoría de nosotros estamos acostumbrados a pasarnos la vida ocupados haciendo un montón de cosas, ya que a través de éstas pensamos que se halla nuestra felicidad, nuestro éxito y en última instancia nuestro valor. Este modelo del hacer para tener para Ser, es sin duda el esquema madre bajo el cual operamos desde que salimos al mundo y el cual se puso en jaque con la pandemia.

Ahora bien, lejos de condenarlo, ya que es cierto que posee determinados beneficios, y sin ánimos de entrar en los costos que dicho modelo trae, como puede ser el desgaste físico-emocional y la sensación de que “nunca alcanza”, es un modelo que pone de manifiesto la desconexión existente entre nuestro Ser y nuestro hacer. De hecho, si observamos bien, el Ser depende del hacer. Entonces cuando aparece 2020 y nos obliga a frenar el hacer cotidiano, lo que en definitiva termina poniendo en juego es nuestra identidad: ¿quién soy?, ¿qué vine a hacer?

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Mario Benedetti

Desde el momento en que empezamos a indagar en este nuevo nivel de consciencia, empiezan a aparecer con mayor regularidad este tipo de preguntas “inquietantes”. Cuestionamientos que apuntan a nuestro Ser, nuestro propósito, nuestros deseos, nuestros valores y demás. De hecho, una de las cosas que más me asombró -y sigue asombrado- del contexto actual, es la cantidad de preguntas ontológicas que se dispararon a nivel general: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Qué costos tiene mi operar cotidiano? ¿Qué podría pasar si apuesto por lo que realmente deseo?

Preguntas que apuntan a un hacer dependiente de nuestro Ser, que dan vuelta la ecuación, que no son más que la otra cara de enfrentar una nueva forma de observar la realidad que nos rodea. Quedará en nosotros el hacernos cargo de responderlas o no, lo que no vamos a poder hacer es ignorarlas porque una vez que surgieron, ya no podemos hacer de cuenta que no lo hicieron.

Compartir esta nota en