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El arte de re inventar el arte


25 de agosto de 2020

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Ignacio Montoya Carlotto

Músico, pianista, compositor.

En la artesanía que implica hacer arte, inventar lo parece todo. Una disciplina que tiene la creatividad como bandera, pareciera ahora exigirnos un poco más cada vez. Esto no sería en ciertas circunstancias un desafío más, otro de los retos que nos impone la propia disciplina, pero mucho me temo que ahora es, tal como otras veces, un nuevo escalón en ese ejercicio creativo que implica no sólo hacer el arte tal como lo sabemos, sino proponer el contexto para que ese oficio al fin vea su propio nacimiento. Ya se han posado entre nosotros, estos tiempos tan difíciles, para todos y también -¿por qué sería la excepción?- para los que hacemos el mundo del arte en todas sus formas.

Este tiempo parece ser no más que el preludio de un lapso que nos tendrá otra vez entre crisis, sólo que esta parece sacudir de muchas formas al mundo entero. Una mala manera de sentirnos menos solos. Por estos lares estamos de alguna manera habituados a encontrarnos en la tarea de inventar el contexto para poder hacer el arte que hacemos. 

Como si fuéramos, o como somos siempre, nuestro propio copista, editor, corrector, y el que lleva las obras para vender, además de ser muchas veces quienes acondicionamos el lugar donde realizará la transacción. Esta multiplicidad de tareas, lejos de ser una queja que podamos apilar dentro del cajón al que van esas cosas, se trata a veces de una virtud que nos dota de una peligrosa autosuficiencia. Pero bien, aquí estamos todos en medio de esta tragedia mundial, que nos tiene en vilo y tratando de hacer lo que hacemos.

En el caso de los músicos, sin poder llevar el trabajo al último estadio, a ese encuentro con el público que afianza la obra, que la culmina. Si bien hemos encontrado algunas ciertas maneras de hacerlo, no damos con las herramientas que nos son indispensables a la disciplina, sin poder ensayar, ni poder presentar la música en vivo.

Esta falta de renovación de contenido es una herida silente que no podemos aún saber qué efecto tendrá. Sin dudas parece que el impacto de la pandemia y su consiguiente crisis posterior, tendrá un muy mal efecto en el ecosistema y en el medio ambiente cultural: ya hemos visto cómo han cerrado sitios y lugares de difusión cultural, muchos para no volver a abrir, y vemos también cómo el nutrido y grupo de artistas de todas las disciplinas hace malabares, muchas veces muy creativos por cierto, para mantener lo necesario para poder llevar algo a la mesa.

De ahí en más todas interrogantes: ¿Qué hacer ahora? ¿Cómo actuar de aquí en más? No lo sé, ni creo que nadie más lo sepa. Vivimos en esta época de apuro lógico y de urgencias aún más lógicas y a veces perdemos de vista que esto que hacemos, ese constante revisar las artes y darles significado una y otra vez, reviste también un carácter fundamental.

La pregunta que más me aterra no es el ahora, porque en medio de los justificativos urgentes calmamos las ansias propias y ajenas, la pregunta que me preocupa es: ¿qué hacer después? Cuando ese después vestido de nueva normalidad, o vieja normalidad, nos vuelva a interpelar. Atino a pensar que hay mucho que construir, en una construcción que tendrá mucho sabor a re-construcción, y que en eso deberemos de horizontalizar los esfuerzos, que han de ser redoblados, Deberemos ser además, solidarios como nunca o como siempre y entender también fundamentalmente, que la construcción de sentido artístico - cultural, al igual que la felicidad no se puede forjar en soledad.

http://ignaciomontoyacarlotto.com/

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