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El Derecho a Decir Adiós


02 de septiembre de 2020

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Facundo Del Gaiso

Diputado por la Ciudad de Buenos Aires.

Decir adiós es un derecho humano fundamental que no tendría que ser parte de una discusión, pero la aparición de la pandemia con esta cruel enfermedad produjo enormes injusticias. Llevó a situaciones inhumanas como es el morir en la más absoluta soledad, en ausencia de tus seres queridos, sin una mirada de amor, sin un abrazo, sin un te quiero. 

Con la ley del "derecho al último adiós" buscamos garantizar un protocolo que permita a los pacientes críticos el acompañamiento por familiares que no sean factor de riesgo y que cumplan todas las normas de bioseguridad para que se transite ese último tramo de vida de la forma más humana y de plena dignidad.

Elisa Carrió con toda su fortaleza fue una de las impulsoras de este proyecto que tuvo eco en el Gobierno de la Ciudad. 

En gran parte del mundo se definió al coronavirus como la enfermedad de la soledad.  Los médicos, las enfermeras, aparte de cuidarnos también son transmisores de afecto. Hemos visto cosas heroicas, grandes gestos de amor como enfermeras que con su teléfono trataban de vincular a familiares con pacientes que le quedaba muy poco tiempo de vida. También hemos escuchado cosas terribles como pacientes acariciando el celular como una forma de acariciar a sus seres queridos. 

Ya van casi 8.000 argentinos que murieron en estas condiciones víctimas del covid; pero es necesario ponerle rostros, nombres, historias a las personas. Cuando las vidas se convierten solamente en cifras, es cuando corremos el peligro de burocratizar el dolor. Vemos el dolor pero no lo tocamos, escuchamos el llanto pero no lo consolamos. La burocratización del dolor mueve los expedientes y genera estadísticas, en cambio la compasión, que no es tener lástima por el otro sino que significa compadecer con, nos hace ver la realidad tal como es. Nos hace ver al paciente que sufre, a su familia angustiada y obliga al estado a tomar cartas en el asunto, a hacerse cargo del sufrimiento dejar de mirar para otro lado y poder generar los protocolos correspondientes. Cuando “padecemos con” escuchamos, por ejemplo a Mora Juárez. Podemos saber que su padre, el conocido folclorista Manolo Juárez, que falleció por problemas cardíacos, estuvo un mes internado en la más absoluta soledad con la angustia y la desesperación de su familia. Cuando pudieron verlo tenía un grado de deterioro tan grande que no pudo continuar con su vida. 

La compasión, como dice el Papa Francisco, es el lente del corazón que nos permite encontrar las respuestas, los protocolos y los caminos para evitar estas tragedias sin sentido.  Necesitamos generar una cultura compasiva que reconozca el dolor y lo transforme en políticas públicas con sentido humano. 

De esta pandemia salimos todos juntos, con valores que deben generar un cambio de paradigma. Este cambio de paradigma también se debe generar en el sistema de salud que tiene que modificar sus propias estructuras. 

Que los pacientes en estado terminal, en medio de esta pandemia puedan estar acompañados de sus afectos es un reflejo del respeto y del valor que como sociedad tenemos por la vida y la dignidad de cada persona.

Espero que esta Ley sea un homenaje a las familias que no pudieron despedirse, y en memoria de sus seres queridos que murieron en soledad.

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