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Aporte extraordinario de las grandes fortunas: un primer paso


05 de diciembre de 2020

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Martín Mangas

Investigador-docente de Finanzas Públicas en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

Tras la aprobación en el senado del Aporte Extraordinario y Solidario de las grandes fortunas, Martín Mangas describe el esquema tributario actual. El autor espera que la nueva medida sirva de inicio para que "los impuestos directos se constituyan en la columna vertebral del sistema tributario argentino".

En nuestro país, el sistema tributario consolidado (incluyendo a los gobiernos subnacionales y sin contar en el total a los ingresos de la seguridad social) adolece desde hace varias décadas de una serie de problemas en materia distributiva:

a) Los impuestos a los bienes y servicios (consumo y transacciones), cuyos principales exponentes son el Impuesto al Valor Agregado, Ingresos Brutos y el impuesto al cheque, representan más del 62% del total de la recaudación.

b) La imposición a los ingresos, las utilidades y ganancias de capital alcanzan sólo a 5,1 puntos del PBI, un poco menos 23% de la recaudación total. Agravado por el hecho de que el 60% de lo percibido por el impuesto a las Ganancias está en cabeza de las personas jurídicas (sociedades comerciales), con lo cual la traslación a costos y precios del impuesto permite distorsionar la característica directa que posee el tributo.

c) Los impuestos patrimoniales (Bienes Personales, impuestos inmobiliario y automotor provinciales y municipales y herencia) representan menos de un punto del PBI. De cada cien pesos que recauda el Estado, sólo poco más de tres pesos corresponden a este tipo de gravamen, lo que señala el escaso impacto recaudatorio de este tipo de imposición y todo lo que se podría avanzar si hubiera decisión política de gravar la riqueza, tanto a nivel nacional, como provincial.

d) Algo de esta enorme inequidad se compensa con los impuestos al comercio exterior, pero durante el macrismo (por la eliminación de esos tributos a algunos productos o por la reducción de alícuotas) su recaudación cayó a la mitad de lo registrado en la década anterior (1,7% del PBI entre 2016 y 2019 versus 2,9% del PBI entre 2005 y 2015), representando en la actualidad casi el 12% de la recaudación total.

e) Los gastos tributarios (exenciones impositivas) de todos los impuestos representan casi 2,4 puntos del PBI (alguna de las cuales son inexplicablemente injustas como la exención en el pago del Impuesto a las Ganancias de magistrados y funcionarios del Poder Judicial, que en 2020 equivale a 26.697 millones de pesos).

En relación a la imposición patrimonial, la evolución en Argentina ha sido particularmente decreciente en los últimos 30 años. En 1993 la recaudación de todo ese conjunto de tributos era de 1,25% del PBI. Con el impulso de Bienes Personales, esa cifra llegó a un pico de 1,67% del producto en 2003. Desde entonces el peso de estos impuestos presentó una caída pronunciada, con un valor promedio, en 2007-2015, de un 1,00% del PBI y de 1,10% en el año en que el que llegó a la presidencia Mauricio Macri.

En el último año de la gestión macrista dicho guarismo fue el más bajo en un cuarto de siglo (0,83% del producto), fruto de las reformas regresivas que se introdujeron en Bienes Personales (mayor mínimo no imponible, reducción y establecimiento de alícuota plana), que hicieron que la recaudación de los tributos del gobierno nacional a la riqueza, pasase de 0,31% del PBI en 2015 a 0,14% en 2019 (tras un mínimo de 0,10% en 2018, parcialmente revertido tras el acuerdo con el FMI).

El macrismo dejó a la imposición patrimonial argentina al borde de la extinción. La recaudación de impuestos a la riqueza es hoy, en Argentina, al menos, un 25% menor que la de Brasil y Colombia (1,2% de sus respectivos PBI) y mucho más baja que la de los países desarrollados (2,0% del producto en la OCDE y más de 2,5% en Estados Unidos, Bélgica, Canadá, Francia, Israel y Reino Unido).

A partir de la crisis global sanitaria del COVID-19 y con el aumento exponencial de los gastos fiscales, mientras, a la par, caía la actividad económica y la recaudación, comenzaron a surgir, en varios países del mundo, planteos sobre contribuciones, aportes y/o impuestos que recaigan sobre los sectores de mayores patrimonios.

Es en ese contexto, en nuestro país, el oficialista Frente de Todos impulsó la idea de un aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas. Iniciativas similares se pueden encontrar en España, Italia, Suiza, Rusia, Brasil, Perú, Ecuador y Chile.

La recientemente aprobada ley, se trata de un aporte o contribución, por única vez, que tiene una escala de alícuotas muy progresiva (va del 2% al 3,5% cuando mayor es la base imponible) y alcanzara a aquellas personas que poseen patrimonios superiores a los $ 200 millones.

Vale la pena recordar, por ejemplo, que los inmuebles se consideran según su valor fiscal, y eso representa aproximadamente el 10% del valor real de mercado. Así, para estar alcanzado por el gravamen, quien solamente posea inmuebles, debería detentar la propiedad de al menos el equivalente a 20 departamentos en la ciudad de Buenos Aires.
Por esa razón, es que apenas poco menos de 10.000 personas acumula ese nivel de riqueza, y representan una porción muy pequeña (el 1%) del universo de contribuyentes que esta comprendido hoy por el impuesto a los Bienes Personales.

La recaudación proyectada del tributo es de un 1,1% del PBI (unos $ 307.000 millones), correspondiendo la mitad de la misma a la cúpula de 253 multimillonarios de Argentina. Una forma de representar ese monto, es compararlo con algunos de los gastos realizados por el Estado nacional durante la pandemia. Si el aporte lograse recaudar lo que se espera, esto equivaldría a, por ejemplo, la construcción aproximada de 5.622 hospitales. O la recaudación equivaldría a más de 12,3 millones de jubilaciones mínimas actuales o tres rondas de pago del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).
Por último, el “mainstream” de la economía plantea el potencial peligro para el ahorro y la inversión que este aporte podría llegar a tener. Incluso asustan con el fantasma de que se constituya en permanente. No hay ningún peligro ni hay que creer en los fantasmas. El desafío hoy más que nunca es darle una fuerte progresividad al sistema tributario (con mayores impuestos a la renta, al patrimonio y a las actividades extractivas y contaminantes) y combatir la evasión fiscal, la fuga de capitales y la elusión tributaria (que se produce por la off-shorización y la existencia de guaridas fiscales con la necesaria colaboración de la banca corporativa y las consultoras internacionales de profesionales de las ciencias económicas y el derecho), para de una vez por todas los impuestos directos se constituyan en la columna vertebral del sistema tributario argentino. Este es un primer paso.

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