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De las locuras profesionales al amor amateur por el fútbol, la vida del Gato Sessa


03 de enero de 2021

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Diego Paulich realiza un perfil de la vida actual del ex arquero de Gimnasia y Vélez.

Por Diego Paulich

La carrera del futbolista es corta y cuando decide colgar los botines todavía le queda mucha vida por delante. Entonces, ahí aparece la pregunta: ¿Qué hacer ahora? Hay de todo. Algunos se convierten en técnicos, otros en representantes, algunos eligen ser analistas o panelistas de la TV. Pero también están aquellos que se alejan por completo del mundo de la pelota... O no tanto. Bueno, ese es el caso de Gastón Sessa, quien se afincó en una localidad de menos de 40.000 habitantes, desempolvó los guantes para jugar el Federal C y compró la casa de un ex presidente para encabezar un proyecto turístico...

Arquero de extensísima trayectoria, hitos, títulos y algunos escándalos; se retiró a fines de 2016, tras 23 años de carrera, jugando para Villa San Carlos. Se refugió en la que ya hacía rato era su casa, en el kilómetro 130 de la Ruta 2, en la localidad de Chascomús, y se volcó a nuevos negocios. Primero fue un criadero de ranas que no funcionó y, después, un stud de caballos de carrera -hasta es cuidador recibido-, el cual persiste aún hoy y es bastante reconocido dentro del rubro.

Nacido en La Plata, hace 47 años, el Gato se crio en una familia bien tripera (su papá era dentista del plantel del Lobo) pero su debut en Primera fue en Estudiantes, luego de haber hecho todo el recorrido de Inferiores en ese club. Amigo de la infancia de los mellizos Barros Schelotto, con los que jugaba en For Ever, y de Martín Palermo, en una cena de celebración pincha por el título ganado en Quinta División no dudó en reconocerse como hincha de Gimnasia.

El día de su debut, los propios simpatizantes de su equipo, sabiendo que era de la contra, lo recibieron con insultos. "Pendejo tripero, lpqtp, más vale que atajes bien", fue lo primero que escuchó al acercarse a la tribuna ¡Propia! Obviamente, esa primera vez, lo acostumbró para lo que vendría...

Pero, sin embargo, el amor por la bocha es eterno. A tal punto que un año después de largar, decidió volver a jugar. Lo hizo en Club Atlético Chascomús, en el que disputó el Torneo Federal C de 2018. "Acá pudo volver a jugar por placer, fue como que volvió al amateurismo. Fue importantísimo para nosotros y se comprometió con el grupo de una manera espectacular", cuenta Martin Bona, DT del Lagunero.

Y no es falso lo que dice el entrenador: el club es uno de los más importantes de la ciudad que está camino a la Costa Atlántica, pero está lejos del profesionalismo. "Acá, en lugar de cobrar sueldo, tuvo que pagar para jugar. Todos los jugadores tienen la obligación de pagar la cuota social, Y él también la tuvo...", le cuenta entre risas a Opinarg, Javier Saldías, el presidente.

Club Atlético Chascomús hoy tiene 1.500 afiliados, pero supo llegar a los casi 4.000. Cuenta con 11 empleados, 70 profes y en sus coquetas instalaciones se practica fútbol, básquet, rugby y hockey sobre césped. Hay canchas de tenis, de fútbol cinco, de paddle, un importante gimnasio, una pileta que en invierno se convierte en climatizada, un salón de fiestas que es testigo de casamientos y cumpleaños, actividades importantes para la tercera edad y hasta un sector de dormís que se utiliza para hacer intercambios culturales deportivos.

Después de perder con Everton de La Plata por penales estando a tan solo dos series de jugar la final por el ascenso, Sessa siguió entrenándose con el equipo pero al poco tiempo dijo basta. Sin embargo, sigue ligado al club. Es normal verlo por las instalaciones ya que su hijo, Valentino, compite en natación.

Justamente el pequeño Sessa es el responsable, según alguna vez el propio Gato contó, de haberlo hecho bajar varios cambios. Claro, a lo largo de su carrera, cosechó varios títulos (campeón en Segunda con Estudiantes y Huracán de Corrientes, un Apertura con River y dos Clausura, uno con el Millo y otro en Vélez) y se destacó entre sus colegas, por ejemplo en 2008, cuando fue el arquero que menos goles recibió en el Apertura. Pero también trascendió por sus locuras, como acogotar al árbitro Pezzotta, meterle un pelotazo a un alcanzapelotas, el patadón que le dio a Rodrigo Palacios o haberse repartido manotazos con compañeros, como Pellegrino y Castromán.

"Yo hablo por lo que vivimos con él acá, no por lo que se dice. Para nosotros es un fenómeno, un tipo bárbaro, que siempre se portó diez puntos. Y en lo futbolístico, le aportó al equipo toda su impronta y autoridad, nos hizo jugar unos metros más adelante y generó que nos animáramos a jugarle de igual a igual a cualquiera", relata el que fue su entrenador.

En su estadía en Atlético Chascomús, Sessa no solo fue un punto alto dentro del campo de juego sino que sus actitudes fuera de la cancha hicieron que se ganara muchísimo cariño. Todos en el club tienen cosas buenas para decir sobre él. "Nunca faltó a un entrenamiento, era uno más del plantel. No quería que haya diferencias", asegura Bona. Además, era habitual que invitara asados en su campo, llevara a algunos compañeros de excursión a conocer el José Amalfitani, les regalara guantes a los otros arqueros o fuera a charlar con los chicos de la escuelita de fútbol.

Es más, incluso gestionó que Nápoles, su firma de indumentaria deportiva, comenzara a vestir al equipo (todavía lo sigue haciendo) y lo hizo parte de la empresa a Lucas Pérez, volante chascomunense con el que ya había compartido vestuario en Villa San Carlos. Tal fue la relación que generó que, aún hoy, el Gato sigue siendo parte del grupo de WhatsApp del plantel...

Muchos años atrás, por ser referente en Racing y tener que ir a pelear los premios con Daniel Lalín (gerenciador de Blanquiceleste S.A) conoció a su mujer, María Eugenia, por entonces secretaría del empresario. Ese noviazgo prosperó y hoy es una sociedad que comparte la vida. Juntos, en la localidad que adoptaron como su hogar, han tenido algunos gestos muy destacables como ayudar a la Escuela 504 para chicos con capacidades diferentes, mientras que sus emprendimientos generan puestos de trabajo para los ciudadanos de Chascomús.

El stud Sauce Grande es prueba de ello, pero ahora, durante la pandemia, la pareja se lanzó a un nuevo desafío vinculado al turismo. Adquirieron un hotel y la propiedad lindante, para realizar un mega proyecto habitacional, gastronómico y comercial. Pero ese edificio no es uno más en la ciudad: es la casa que perteneció al ex presidente Raúl Alfonsín entre 1957 y 1972.

El Padre de la Democracia se mudó a esa casa ubicada en Lavalle 227, en pleno casco histórico de Chascomús, siendo concejal y luego se convirtió en diputado, provincial primero y nacional después. Incluso allí los Alfonsín celebraron, por ejemplo, la fiesta de casamiento de su hija Ana María. Pensando en enfrentar al peronismo en las elecciones del 73, Don Raúl decidió vender la propiedad y mudarse a una casa más chica tras la partida de sus hijos del hogar familiar, para invertir el dinero en la interna Radical contra Ricardo Balbín.  

Raúl Alfonsín en la casa de Chascomús

Raúl Alfonsín en la casa de Chascomús

En total, el lugar donde vivió el ex mandatario tiene casi 500 metros cuadrados y ya funcionaban como un hotel bajo el nombre de La Casona. Pero ojo, en la vida del Gato no es el único vínculo presidencial... Cuando en 2009 fue el capitán del Gimnasia que se salvó milagrosamente del descenso después de un campañón y de dar vuelta un 3-0 en Rafaela por la Promoción, el arquero cumplió su promesa y se fue caminando a Luján. Durante el trayecto, un número desconocido hizo sonar su teléfono incontables veces. Nunca atendió. Pero a la noche el llamado se repitió en su casa: era nada menos que Cristina Fernández de Kirchner, reconocida hincha tripera, para felicitarlo. Pero no solo eso, Ofelia, la madre de CFK, alguna vez lo invitó a su casa de Tolosa a comer. Tranquilo, Raúl, la casa está en orden. La cuida Sessa.

Ofelia Fernández

Ofelia Fernández

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