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Hacia la pospandemia y más allá


18 de agosto de 2020

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Augusto Costa

Ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires.

Cuando asumimos el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en diciembre pasado, teníamos por delante muchísimos desafíos. Más allá de lo complejo de la situación, contábamos con una serie de certezas. Certezas sobre el deterioro de las principales variables de la economía. Certezas sobre años de recesión. Certezas sobre la caída en los ingresos de trabajadores y trabajadoras. Certezas sobre un proceso inflacionario sin control. Certezas sobre el aumento de la desigualdad (en diferentes ámbitos de las relaciones económicas y sociales). Certezas sobre el crecimiento de la pobreza.

Ante este escenario de crisis, tanto el Congreso de la Nación como la Legislatura de la Provincia sancionaron formalmente en aquel diciembre pre-pandémico la emergencia productiva, económica y social, que tenía como objetivo inicial poner los instrumentos de la política pública al servicio de reactivar la producción y el trabajo. Era urgente solucionar el problema de endeudamiento y cambiar los incentivos anti-productivos de la política económica previa (apertura indiscriminada de importaciones, volatilidad cambiaria, tasa de interés por las nubes y ajuste, con sus consecuencias de contracción de los ingresos y del mercado interno).

Con la pandemia, a las certezas se les sumó, paradójicamente, incertidumbre: una inédita incertidumbre global. Todavía estamos tratando de comprender como sociedad, en la Provincia, en la Argentina, en todo el planeta, de qué hablamos cuando hablamos de "nueva normalidad". Qué es, cómo será, cuándo vamos a poder tener un funcionamiento de la economía razonablemente normal. En términos de gestión pública, la incertidumbre introdujo desafíos enormes porque hizo más difícil la planificación de las políticas e impuso mayores restricciones para la toma de decisiones.

El coronavirus cambió las prioridades. Causó un impacto a nivel planetario sin precedentes. Obligó a atender las cuestiones más básicas. Y subrayó el lugar clave que ocupa el Estado en una sociedad a la hora de dar respuestas. Entonces, la pandemia trajo urgencias, sí, pero no modificó nuestra visión ni nuestros objetivos. De lo que se trata es de recuperar el papel del Estado para resolver problemas estructurales que han estado presentes desde hace muchísimas décadas en nuestro sistema económico (y que se agravaron en los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal).

Problemas estructurales como la concentración de mercado, las desigualdades en el mercado laboral y la regresividad del sistema tributario, que recarga la responsabilidad del financiamiento del Estado provincial en las PyMEs y en los sectores más vulnerables. Como un sistema financiero que sólo financia a los pocos que califican para los créditos y que deja afuera a gran parte de los actores económicos que necesitan del crédito para subsistir y desarrollarse. O como la informalidad que atraviesa todo el sistema económico, cuya gravedad quedó evidenciada durante la crisis sanitaria. Ante situaciones extraordinarias como las que estamos viviendo, la falta de registración o de formalización genera muchísimas dificultades para la política pública, porque es difícil identificar a quién hay que atender y de qué forma. Es un hecho que al haber una gran informalidad es más difícil llegar a quien lo necesita. 

Las emergencias requieren medidas de emergencia. Durante estos meses fuimos tomando distintas medidas tributarias, crediticias y de asistencia para atender urgencias, sostener la producción y el empleo, evitar cierres de empresas. También nos fuimos ocupando de que las industrias y los comercios que iban quedando exceptuados de las medidas de aislamiento pudieran retomar su actividad lo más rápido posible y en las mejores condiciones, cumpliendo con todos los protocolos correspondientes. Y al mismo tiempo fomentamos el diálogo con el sector privado y los encuentros con entidades empresariales, productivas y del mundo del trabajo.

La agenda de salida de la pandemia tiene que centrarse en un proyecto de desarrollo económico y productivo sustentable. El sistema productivo bonaerense sufrió un fuerte deterioro durante el gobierno de Macri y Vidal, cuando se declaraba casi con una sonrisa la supuesta inviabilidad de la Provincia, se decía que nuestros empresarios eran parasitarios, se aseguraba que nuestras PyMEs y nuestras cooperativas no podían competir y tenían que “reconvertirse” (eufemismo para decir que tenían que cerrar), o cuando se atacaba a nuestro sistema científico-tecnológico y a nuestros investigadores.

Pero en pandemia, en el peor contexto imaginable, nuestro sistema productivo, científico y tecnológico dio la cara. Y permitió atender urgencias y necesidades. Desde empresas y cooperativas que se adaptaron para abastecer al sistema de salud con respiradores, cofias, barbijos y máscaras de protección, hasta investigadores que mediante desarrollos científicos en laboratorios e instituciones públicas y privadas dieron respuestas a necesidades propias de la crisis sanitaria (como el desarrollo de tests para la detección de coronavirus).

En la agenda de la pospandemia, los cambios de realidades y urgencias no modifican el rumbo ni los objetivos que ya teníamos en diciembre: recuperar el Estado, poner de pie a la economía y recomponer las condiciones de vida que, en los últimos cuatro años, vimos retroceder varios escalones.

Cada medida de emergencia que se toma es como un ladrillo más que construye el escenario de la pospandemia. Estamos hablando de sostener los ingresos de la población y garantizar el funcionamiento del mercado interno. De reducir la concentración y conseguir una mayor equidad en el sistema económico. De impulsar la demanda mediante obra pública. De avanzar sobre la informalidad de la economía. De actuar ante las desigualdades del mercado laboral, en especial en la situación de las mujeres. De revisar el acceso al financiamiento, de darle al sistema tributario una mayor equidad y un enfoque productivo, de integrar las cadenas de valor de la Provincia. Y de articular el Estado, el sistema productivo y el sistema científico-tecnológico para fortalecer la productividad y la competitividad.

El Estado tiene que servir para orientar los recursos, para responder ante las cuestiones urgentes y ante las estructurales. Tenemos mucho por resolver, sí, pero también tenemos un sistema productivo que resiste y que tiene un enorme potencial. Lo que sigue es desplegarlo y volver a poner la Provincia de pie.

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