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La primera Generación Dorada cumple 70 años


03 de noviembre de 2020

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En 1950 Argentina se consagraba campeona mundial de básquet superando a Estados Unidos en el Luna Park. La historia que llevó a una generación del oro al destierro.

El 3 de noviembre de 1950 la Selección Argentina de básquet derrotaba por 64-50 al combinado estadounidense en el Luna Park y se consagraba campeona mundial por única vez en la historia. El público celebró con una marcha desde el mítico estadio hasta el Obelisco, con velas encendidas en la llamada “Noche de las Antorchas.” Años después, ese plantel caracterizado por la solidaridad y el esfuerzo colectivo sería suspendido de por vida por orden del gobierno militar que encabezó el golpe de estado contra Perón en 1955.

Jorge Canavesi fue el entrenador de un equipo que se preparó especialmente para dar el batacazo y que ya había dado buenas señales en los Juegos Olímpicos de Londres ’48. El plantel estaba compuesto por Pedro Bustos, Hugo del Vecchio, Leopoldo Contarbio, Raúl Pérez Varela, Vito Liva, Oscar Furlong, Roberto Viau, Rúben Menini, Ricardo González, Juan Carlos Uder, Omar Monza, Alberto López, Alberto Lozano, Ignacio Poletti, José Ventura y Jorge Nuré. Un selecto grupo de 16 jugadores que quedó luego de una preselección inicial de 50 basquetbolistas.

La Segunda Guerra Mundial trajo la competencia al continente americano y el respaldo político que el gobierno de Juan Domingo Perón le daba al deporte convirtió a la Argentina en el escenario ideal para el torneo, que además del seleccionado local contó con la participación de Estados Unidos, Chile, Egipto, Francia, Yugoslavia, España, Brasil, Ecuador y Perú.

Argentina debutó con una victoria sobre Francia por 56 a 42, en la ronda final superó a Brasil (40-35), a Chile (62-41), se cruzó nuevamente con Francia y venció por 66 a 41, y la victoria ante Egipto por 68 a 33 le dio el pase al último partido para definir el primer puesto frente a los Estados Unidos.

En el encuentro final, jugado el 3 de noviembre, la Selección de Canavesi logró un histórico triunfo frente a la máxima potencia mundial, que había llegado a la competición con el equipo entero de los Denver Chevrolets. "Posiblemente Denver Chevrolet no era el mejor equipo, pero Argentina estaba para cualquier cosa. No sé si habiendo venido un equipo superior nos hubiese ganado", reveló Monza, en declaraciones que reprodujo el documental "Tiempo muerto", con guion de los hermanos Baltazar e Iván Tokman. Carlos Fontanarrosa, periodista que cubrió el mundial para El Gráfico, escribió en ese entonces: “¿Por qué envió EE. UU. un equipo tan flojo, tan desproporcionadamente flojo, comparado con los que hemos visto antes? A esta pregunta no le encontramos respuesta”. Sin embargo, aclaraba que “malo y todo tiene la suficiente capacidad como para disputar cualquier partido de igual a igual”.

Las estadísticas marcan una victoria 64 a 50 frente a Estados Unidos con veinte puntos de Furlong y 14 para Del Vecchio y la crónica de Fontanarrosa señala que “el equipo argentino es el que mejores figuras ha mostrado. En cualquier combinado irreal del mundo que uno se imagine debe intercalar a varios de los nuestros… Hemos visto un equipo argentino que simboliza a nuestro espíritu, que cuaja con el sentido creativo”. Y es el equipo nacional debió trabajar mucho físicamente para compensar la diferencia de altura y de técnica que había con los estadounidenses.

Sin embargo, esa conquista única le valió el destierro a ese plantel como a varios deportistas más. Es que la denominada "Revolución Libertadora" que instauró una dictadura en el país, tras derrocar al gobierno de Perón en 1955, se ensañó con aquel grupo de jugadores campeones del mundo, a quienes acusó de haber actuado como profesionales, en períodos donde el básquetbol no era rentado.

Los jugadores habían recibido un permiso gubernamental especial para importar "un automóvil de regalo" si así lo quisieran.

La Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) fue intervenida y la conducción quedó a cargo de Amador Barros Hurtado, que sugirió la apertura de un expediente llamado "Comisión Profesionalismo". Fue el principio del destierro para estos y otros jugadores de básquetbol del ámbito local. El castigo dictado por la CABB en marzo de 1957, suscripto por el interventor Barros Hurtado y el secretario Luis Salluzzi, resultó durísimo e inentendible: inhabilitación de por vida para jugar al básquetbol por incurrir en "profesionalismo". Una decisión, fundada sobre todo, en intentar erradicar –de plano- cualquier vinculación con la simbología peronista.

"Después de 1955, cuando cayó Perón, el interventor de la CABB denunció como profesionales a todos los jugadores campeones del mundo. A los del Mundial y a muchos más. Regía el "Código del Aficionado", un reglamento que venía del Comité Olímpico Internacional (COI) y que prohibía percibir retribuciones por jugar", explicó el DT Canavesi, quien falleció en 2016, a la revista "El Gráfico" mucho tiempo después.

Argentina debió esperar casi 50 años para volver a tener una generación que volviera a poner al básquet nacional en lo más alto e impulse un deporte muy popular, especialmente en el interior del país.

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